domingo, 17 de noviembre de 2013

Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972) de Werner Herzog.

        A las selvas amazónicas emprende viaje una compañía colonizadora, financiada por la monarquía española, con el objetivo de encontrar la ciudad de oro de los incas conocida como El Dorado. Tras un conflicto entre integrantes de la expedición, Lope de Aguirre (Klaus Kinski) encabezará la búsqueda desde una perspectiva radical, conspirando contra sus comandantes, la Corona e incluso Dios.


        Primer trabajo en conjunto de Herzog y su fetiche más odiado, Klaus Kinski. Sin embargo, es irrefutable el aporte de Kinski para el éxito de los trabajos del director alemán. Todos sabemos las pujanzas esquizofrénicas del actor, por ende nadie mejor que él para interpretar un papel de alta complejidad como lo es "El Loco" Aguirre.

        Varias obras artísticas eminentes se me vienen a la mente para hacer una analogía correcta del filme. Primeramente "Don Quijote de la Mancha", la premisa inmediata para recurrir a obra de semejante alcurnia es el enfrentamiento con la nada, es decir, la búsqueda de una entidad imaginaria no conduce a otro camino más que a la demencia, la paranoia y lo absurdo. Pero este sentido figurado tiene límite, la evolución experimentada por Aguirre no viene de la mano con las buenas prácticas, sino en sentido negativo enlazada a la codicia.


        Sumidos en los bellos parajes de la selva amazónica, somos testigos de una paradoja inteligente con tintes metafóricos; el silencio natural corrompido por el ruido humano. Hemos pervertido un área que consideramos inhóspita, pudiendo violar a gusto el estatus de habitante de los indígenas. Precisamente, es esta la crítica que su autor pretende dejar patente, situación que emularía en unos años más el texano Terrence Malick.

        La película no pretende plasmar enfrentamientos bélicos entre los aborígenes y la compañía militar, su objetivo es reflejar los daños psicológicos causados por el hostil ambiente selvático, desencadenado a su vez por los mismos hombres degradantes de la naturaleza; de manera que resultan un poco nebulosos los momentos finales, llegando a confundir realidad con ilusión. Situación similar ocurriría posteriormente en la prolífica "Apocalypse Now", recordad la célebre frase de Coppola: "Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam".


        Cuesta un poco entender los recovecos históricos hechos por Herzog. Lo de las épocas entrecruzadas es mi principal crítica, haber revuelto a los descubridores del río Amazonas (de hace veinte años atrás) con la travesía de Aguirre me parece rebuscado, pero aún así, una buena manera de adosar historias.

        A destacar la inteligencia de Herzog para narrar una historia verdadera con un punto de vista crítico, como también al energético Klaus Kinski; gestando a partir de "Aguirre, der Zorn Gottes" el renacer del cine alemán.